Hay experiencias que permanecen escondidas durante años, pero que encuentran la manera de regresar cuando menos se les espera. Algunas se alojan en la memoria, otras en el cuerpo y unas más se convierten en silencios difíciles de nombrar. “VÉRTEBRA”, el unipersonal escrito e interpretado por Felipe Alfaza, convierte precisamente esas huellas del pasado en materia teatral y propone al espectador un viaje intenso hacia los lugares donde nacen las heridas, los miedos y la necesidad de reconstruirse.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
La propuesta, dirigida por Luis Alcocer Guerrero y producida por Proyecto Granguiñol Psicotrónico, se construye como un biodrama que combina autoficción, teatro de objetos y una atmósfera cercana a lo ritual. En escena, Felipe se enfrenta a una presencia tan inquietante como fascinante: Vértebra, un títere monstruoso de apariencia maternal que representa la violencia y el abuso que marcaron su infancia. A partir de ese encuentro, el protagonista emprende una confrontación con aquello que durante mucho tiempo permaneció enterrado.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
La sinopsis puede parecer sencilla, pero la experiencia escénica está lejos de serlo. Felipe regresa simbólicamente al origen de sus heridas para intentar romper con una historia que parece condenada a repetirse. El escenario se transforma entonces en un territorio de memoria, donde pasado y presente se encuentran, mientras el personaje intenta comprender qué parte de su identidad fue moldeada por aquello que vivió y qué parte todavía puede recuperar para construir un destino diferente. La obra aborda temas como la violencia familiar, el abuso, la figura materna, la memoria, el cuerpo y la identidad, además de explorar la experiencia de crecer siendo gay dentro de una sociedad heterosexual.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
Uno de los grandes aciertos de “VÉRTEBRA” está en no convertir el dolor en un discurso solemne y predecible. La puesta encuentra también espacio para el humor, lo grotesco y lo inesperado, generando un contraste que hace todavía más poderosa la experiencia. Esa mezcla de incomodidad, ironía y vulnerabilidad permite que el espectador se acerque a una historia profundamente personal sin sentir que está frente a una exposición convencional de sufrimiento. El montaje utiliza además recursos propios del lenguaje de Proyecto Granguiñol Psicotrónico, compañía que trabaja con títeres, máscaras, objetos y lenguajes escénicos alejados del realismo tradicional.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
Y si hay un elemento que sostiene toda la función es, sin duda, el trabajo actoral de Felipe Alfaza. En un unipersonal, el intérprete no cuenta con un elenco que pueda compartir el peso de la escena: todo pasa por su presencia, su cuerpo, su voz, sus pausas y su capacidad para mantener la atención del público. Alfaza enfrenta ese reto con una entrega que exige una enorme precisión. Puede transitar de la fragilidad a la tensión, de lo cotidiano a lo perturbador y de la contención al desbordamiento sin perder el hilo emocional del personaje.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
El reconocimiento recibido en los Premios ACPT 2026 confirma la dimensión de ese trabajo. “VÉRTEBRA” obtuvo dos nominaciones y consiguió ganar ambas categorías en las que participaba: Unipersonal y Actor Revelación, esta última para Felipe Alfaza. El premio a Actor Revelación resulta particularmente significativo porque reconoce la capacidad del intérprete para sostener una obra completa sobre sus hombros y convertir una experiencia íntima en una comunicación directa con el público. No se trata solamente de memorizar un texto o ejecutar una serie de acciones: Alfaza construye una presencia escénica capaz de hacer visible aquello que muchas veces resulta imposible decir con palabras.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
También merece atención la manera en que el montaje convierte a Vértebra, ese extraño personaje de apariencia maternal, en mucho más que un elemento escenográfico. Su presencia funciona como una extensión de la memoria y como una representación física de aquello que el protagonista necesita confrontar. El títere permite materializar un conflicto interior y darle cuerpo a una figura que pertenece tanto al terreno de los recuerdos como al de las pesadillas. De esta manera, la obra consigue que un objeto escénico se transforme en un interlocutor y, al mismo tiempo, en una amenaza que Felipe debe mirar de frente.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

La dirección de Luis Alcocer Guerrero encuentra un equilibrio interesante entre lo teatral y lo perturbador. La propuesta no busca reproducir literalmente una realidad, sino crear imágenes capaces de despertar asociaciones en quien observa. El resultado es un montaje que puede resultar incómodo en determinados momentos, pero justamente ahí radica buena parte de su fuerza: “VÉRTEBRA” no pretende ofrecer una experiencia complaciente, sino provocar una reacción y abrir preguntas sobre aquello que heredamos emocionalmente, aquello que callamos y la posibilidad de modificar la historia que nos fue impuesta.
La escenografía, el diseño de iluminación y el sonido contribuyen a construir ese universo particular. En lugar de funcionar simplemente como acompañamiento, los distintos elementos de la producción participan en la creación de una atmósfera que oscila entre lo fantástico, lo siniestro y lo íntimo. Alejandra Vega en la escenografía, a Luis Alcocer Guerrero en iluminación y a Fsunami Gill en el diseño sonoro, mientras que Sergio Miron, Carlos Iván Guzmán Guzmán e Itahlu participa en el diseño de vestuario.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
Otro de los valores de la obra está en la posibilidad de que el espectador encuentre algo propio dentro de una historia que pertenece originalmente a Felipe. Aunque las circunstancias narradas son particulares, las preguntas que plantea tienen un alcance mucho mayor: ¿qué hacemos con las heridas que recibimos?, ¿cuánto de nuestro presente está determinado por aquello que ocurrió en nuestra infancia?, ¿es posible dejar de repetir determinados patrones?, ¿qué significa realmente reconciliarnos con nuestro pasado? Son interrogantes que permanecen flotando después de que termina la función.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
“VÉRTEBRA” llega así como una propuesta teatral que apuesta por la exposición emocional, pero también por la imaginación. No necesita de un gran número de intérpretes ni de una maquinaria espectacular para generar impacto. Su fuerza surge del encuentro entre un actor dispuesto a mostrarse vulnerable, un texto de carácter personal y un lenguaje escénico que utiliza lo monstruoso, lo poético y lo simbólico para hablar de aquello que duele.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
Después de haber conseguido el Premio ACPT 2026 a Unipersonal y el Premio ACPT 2026 a Actor Revelación para Felipe Alfaza, el montaje llega a la recta final de su temporada en la Ciudad de México. Actualmente se presenta en Teatro La Capilla, ubicado en Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán. La temporada comprende del 19 de septiembre al 3 de octubre de 2026, con funciones los sábados a las 12:30 horas. La última función anunciada en este recinto será el sábado 3 de octubre con David Gaitán como Invitado Especial.
Fotografía por Charly Duchanoy ©
Por Charly Duchanoy para Boy4ME

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