El Método Grönholm: cuando conseguir el puesto de trabajo se convierte en una batalla por sobrevivir





Hay obras que consiguen mantener su vigencia porque hablan de temas que, lejos de desaparecer con el paso de los años, se vuelven cada vez más reconocibles. El Método Grönholm, del dramaturgo catalán Jordi Galceran, es precisamente una de ellas. Escrita originalmente en catalán y estrenada en 2003, esta pieza convirtió una aparentemente rutinaria entrevista laboral en un inquietante juego de estrategia, manipulación y supervivencia, y ahora regresa a los escenarios mexicanos en una nueva producción que se presenta en el Teatro Julio Prieto, antes Teatro Xola, con un elenco multiestelar integrado por Ana Serradilla, Erick Elías, Álex de la Madrid, Diego Klein, Daniel Haddad y Tato Alexander.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Con cuatro actores en escena, esta nueva versión consigue recuperar la esencia de un texto que se ha convertido en uno de los grandes referentes del teatro contemporáneo. La premisa es tan sencilla como efectiva: cuatro candidatos llegan a la etapa final de un proceso de selección para ocupar un importante puesto ejecutivo dentro de una poderosa compañía multinacional. No hay un entrevistador convencional frente a ellos; en su lugar, reciben una serie de instrucciones y pruebas que deberán resolver juntos. Lo que comienza como una competencia profesional pronto se transforma en un juego psicológico donde cada decisión puede significar la permanencia o la eliminación.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Y ahí es justamente donde radica una de las mayores virtudes de la propuesta: el espectador también entra al juego. Desde el primer momento surge una pregunta que permanece prácticamente hasta el último instante: ¿quién es el impostor? La obra juega constantemente con nuestras sospechas y nos obliga a observar cada gesto, cada reacción, cada silencio y cada palabra de los personajes. Cuando creemos haber descubierto la verdad, el propio texto se encarga de sembrar una nueva duda.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Galceran construye una maquinaria teatral precisa, en la que el humor, la tensión y el suspenso se mezclan con una mirada bastante ácida sobre el mundo laboral. Las pruebas a las que son sometidos los candidatos no solamente buscan descubrir quién tiene mayores capacidades para ocupar el puesto, sino que terminan revelando hasta dónde puede llegar una persona cuando siente que está a punto de perder aquello que desea. La ambición, el ego, los prejuicios, la necesidad de demostrar superioridad y el instinto de supervivencia comienzan a aparecer detrás de las máscaras profesionales. La propia Fundación SGAE resume el conflicto como una prueba final en la que los juegos planteados por la empresa terminan convirtiéndose en un enfrentamiento donde la crueldad y la falta de escrúpulos parecen no tener límite.

Fotografía por Charly Duchanoy ©


El resultado es un espectáculo que mantiene al público atento, intentando adelantarse a los acontecimientos. La gran pregunta no solamente es quién logrará quedarse con el puesto, sino quién está diciendo la verdad y quién está manipulando al resto. Y precisamente por ello el trabajo del elenco resulta fundamental. Ana Serradilla, Erick Elías, Álex de la Madrid, Daniel Haddad, Tato Alexander y Diego Klein (Alternando funciones) —quienes conforman los cuatro personajes que vemos en escena— logran establecer una dinámica de enorme fuerza.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

El elenco resulta perfecto para una historia que necesita intérpretes capaces de transitar rápidamente de la comedia al conflicto y de la aparente cordialidad a la confrontación. Entre los cuatro personajes se establece una mancuerna escénica que funciona como un mecanismo perfectamente calibrado: cada uno aporta una personalidad distinta y, al mismo tiempo, todos encuentran la manera de alimentar la incertidumbre. Esa química permite que el espectador se involucre emocionalmente y permanezca intentando descifrar el misterio hasta el final.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Uno de los grandes aciertos de El Método Grönholm es que nunca se limita a ser una historia sobre una entrevista de trabajo. Debajo de sus situaciones aparentemente absurdas existe una reflexión sobre la sociedad contemporánea y sobre la presión por triunfar. ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar para alcanzar el éxito? ¿Hasta dónde podemos traicionar nuestros principios cuando existe una recompensa suficientemente atractiva? ¿Qué ocurre cuando la competencia deja de ser profesional y se convierte en una lucha personal? Son preguntas que la obra plantea sin necesidad de ofrecer respuestas fáciles.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

La vigencia del texto queda demostrada también por su extraordinario recorrido internacional. Desde su estreno, la obra ha cruzado fronteras y ha encontrado espectadores en numerosos países, con montajes en España, Uruguay, Perú, Venezuela, Argentina, Paraguay, Chile, Colombia, Italia, Francia, Australia y Estados Unidos, entre muchos otros. La Fundación SGAE señala que la pieza se ha estrenado en más de quince países, además de haber sido traducida a diferentes idiomas y reconocida con importantes premios.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

México tampoco es ajeno a esta historia. Hace 21 años, El Método Grönholm llegó a nuestros escenarios con Roberto Blandón, Anilú Pardo, Miguel Rodarte y Emilio Guerrero, bajo la dirección de Antonio Castro. Aquella puesta en escena quedó registrada dentro de la actividad teatral mexicana de 2005, y fue precisamente uno de los montajes que ayudaron a acercar al público nacional a la obra de Galceran. Hoy, más de dos décadas después, el texto demuestra que sus cuestionamientos continúan siendo incómodamente actuales.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Pero el alcance de El Método Grönholm no terminó en los escenarios. La potencia de su premisa fue suficiente para llevarla también a la pantalla grande. En 2005, Marcelo Piñeyro dirigió El Método, película basada en la obra de Galceran, con un reparto que incluyó a Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Eduard Fernández, Pablo Echarri, Ernesto Alterio, Adriana Ozores, Carmelo Gómez y Natalia Verbeke. Aunque la adaptación cinematográfica amplió el número de personajes y tomó un camino más dramático, conserva el corazón de la propuesta teatral: un grupo de candidatos enfrentándose a un proceso de selección que poco a poco expone sus límites éticos y personales.

Fotografía por Charly Duchanoy ©


La nueva puesta en escena en el Teatro Julio Prieto confirma que un buen texto no envejece: encuentra nuevas generaciones de actores y espectadores para volver a plantear las mismas preguntas desde otra perspectiva. La historia puede haber nacido hace más de dos décadas, pero la competencia profesional, la presión por conseguir un empleo y la necesidad de demostrar constantemente que somos mejores que los demás siguen formando parte de nuestra realidad cotidiana.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Al salir del teatro queda la sensación de haber participado, aunque sea como observador, en ese proceso de selección. Uno comienza a reconstruir las pistas, recordar las reacciones y preguntarse en qué momento pudo haber descubierto la verdad. Y esa es quizás la mayor victoria de El Método Grönholm: conseguir que el público no sea un espectador pasivo, sino un jugador más que intenta resolver el acertijo.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Con un texto sólido, una premisa que conserva intacta su capacidad de sorprender y un elenco que establece una química escénica ideal para sostener la tensión, esta nueva versión de El Método Grönholm demuestra por qué la obra de Jordi Galceran se ha convertido en un fenómeno internacional. Una experiencia teatral que comienza como una entrevista de trabajo y termina convirtiéndose en una inquietante radiografía de la condición humana. Porque cuando solamente queda un puesto y todos quieren obtenerlo, quizá la pregunta más importante no sea quién es el mejor candidato, sino hasta dónde estamos dispuestos a llegar para ganar.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

El Método Grönholm se presenta sabados 5:30 y 8:00 pm y domingos 5:00pm y 7:30 pm hasta el 13 de septiembre en el Teatro Julio Prieto (antes Xola) . Boletos disponibles en taquilla o ticketmaster.

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