“Tierra Baldía. Crímenes shakespereanos”, regresa al Teatro La Capilla con una nueva temporada para sumergir al espectador en un universo donde la ambición, los celos, la traición, la violencia y la lucha por el poder se convierten en fuerzas capaces de destruirlo todo. La propuesta toma como punto de partida el imaginario de William Shakespeare para construir una experiencia escénica intensa, sombría y profundamente humana.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Bajo la dirección de Guillermo Navarro, y con una dramaturgia construida a partir de textos de William Shakespeare, adaptados por David Olguín y Consuelo Garrido, la puesta en escena encuentra una manera particular de enlazar distintas tragedias del dramaturgo inglés. No se trata simplemente de llevar a escena fragmentos de sus obras más conocidas, sino de establecer un diálogo entre personajes, conflictos y destinos que terminan formando una misma cadena de tragedia. El resultado es un espectáculo que permite acercarse a Shakespeare desde una mirada contemporánea y, al mismo tiempo, reconocer que muchas de las pasiones que provocaron aquellos crímenes continúan presentes en nuestra sociedad.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

La historia coloca a Hamlet en el centro de un viaje oscuro. Después de descender a una especie de infierno, queda atrapado en un ciclo del que parece imposible escapar, obligado a encontrarse una y otra vez con algunos de los episodios más violentos y perturbadores del universo shakespeariano. En este recorrido aparecen las pasiones desbordadas de Otelo, la ambición que consume a Lady Macbeth y la despiadada voluntad de poder de Ricardo III. Las distintas historias terminan conectándose como piezas de un mismo rompecabezas, revelando que detrás de cada crimen existe una combinación de deseos, miedos, obsesiones y decisiones que terminan cobrando un precio demasiado alto.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Uno de los grandes atractivos del montaje es precisamente esa capacidad para mostrar que Shakespeare continúa siendo vigente. Los siglos pueden cambiar, las sociedades pueden transformarse y las formas de ejercer el poder pueden adquirir nuevos rostros, pero la condición humana conserva ciertas zonas oscuras. La necesidad de controlar, el deseo de venganza, los celos, la sed de reconocimiento y la ambición desmedida siguen provocando conflictos que, en diferentes circunstancias, pueden conducir a consecuencias devastadoras. Tierra Baldía utiliza el lenguaje de la tragedia para recordarnos que el ser humano no siempre aprende de sus propios errores.



Dentro de este potente universo escénico destaca de manera especial el trabajo de Gerardo González, quien interpreta a Ricardo III. Su presencia aporta una enorme fuerza al montaje y demuestra una vez más la capacidad de un actor para asumir personajes complejos, llenos de contradicciones y zonas sombrías. Gerardo González consigue construir un Ricardo III que no se limita a ser un villano, sino que se convierte en una figura incómoda, fascinante y profundamente humana. Su interpretación tiene peso, carácter y una contundencia que permite que cada aparición del personaje tenga una resonancia particular. Es, sin duda, uno de los pilares actorales de esta propuesta.

Fotografía por Charly Duchanoy ©


También resulta significativo el trabajo de Guillermo Navarro, quien enfrenta el doble desafío de dirigir y formar parte del elenco. A su lado participan Pedro Adame, Horacio Trujillo, Asur Zágada, Leticia Olvera, Carlos Virgen, Renée Doval y Alan Orozco, conformando un reparto que transita por diferentes personajes y atmósferas dentro de esta compleja construcción teatral. La dinámica entre los intérpretes ayuda a mantener el ritmo de una historia que exige concentración y que constantemente lleva al público de una tragedia a otra.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

La propuesta tiene además el mérito de no convertir a Shakespeare en una pieza de museo. Por el contrario, lo coloca frente a nuestros ojos para preguntarnos qué tanto hemos cambiado realmente. Los personajes pueden pertenecer a otros tiempos, pero sus conflictos resultan reconocibles. La violencia como mecanismo de control, el poder como obsesión y las consecuencias de actuar desde la ira o la ambición encuentran eco en el mundo actual. Esa conexión entre el pasado y el presente es una de las razones por las que Tierra Baldía consigue ir más allá de una adaptación de clásicos y convertirse en una reflexión sobre nuestra propia época.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Uno de los elementos que de inmediato atrapa la mirada es el vestuario, que contribuye a construir ese universo sombrío en el que se desarrolla la historia. Desde el primer momento, la imagen escénica transmite una sensación de misterio y fatalidad. Particularmente impactante resulta la escena de entrada, protagonizada por una larga presencia cubierta por un extenso velo negro, una imagen poderosa que parece anunciar que el espectador está a punto de cruzar hacia un territorio donde la muerte, la tragedia y los secretos serán protagonistas. Es una entrada de gran fuerza visual que establece desde el principio el tono de la puesta en escena.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Lailuminación y las proyeccionesjuegan también un papel fundamental para darle personalidad aTierra Baldía. La luz no se limita a iluminar a los intérpretes, sino que se convierte en parte activa de la narración, creando sombras, contrastes y espacios que transforman constantemente el escenario. Las proyecciones sobre los cuerpos y sobre los diferentes elementos escénicos generan imágenes inquietantes con texturas, como si los propios personajes llevaran sobre la piel las huellas de sus culpas, sus miedos y las tragedias que los persiguen. El resultado es una atmósfera visual envolvente que por momentos parece llevarnos fuera de la realidad.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

A este lenguaje visual se suma unamúsica cuidadosamente integrada, que acompaña prácticamente cada momento del recorrido y contribuye a mantener al público dentro de ese universo tétrico y lúgubre. Los sonidos y la composición musical funcionan como una presencia permanente que aumenta la tensión, subraya los momentos de mayor dramatismo y prepara al espectador para lo que está por suceder. Más que un simple acompañamiento, la música se convierte en un elemento que ayuda a respirar el ambiente de la obra, manteniendo durante la función esa sensación de inquietud que caracteriza al montaje.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Tierra Baldía también representa una oportunidad para reencontrarse con algunos de los personajes más poderosos creados por Shakespeare desde una perspectiva diferente. Aquí no aparecen únicamente como figuras pertenecientes a grandes tragedias literarias, sino como seres atrapados por sus propias decisiones. El montaje plantea así una pregunta que permanece después de que termina la función: ¿hasta qué punto somos víctimas de nuestro destino y hasta dónde somos responsables de nuestras propias acciones?


Fotografía por Charly Duchanoy ©

Para quienes disfrutan del teatro de texto, las grandes tragedias y las propuestas que buscan algo más que contar una historia, Tierra Baldía. Crímenes shakespereanos representa una alternativa que vale la pena considerar. Es un montaje que no busca suavizar la oscuridad de Shakespeare, sino entrar de lleno en ella para descubrir que, detrás de los crímenes, las coronas y las batallas, siguen existiendo seres humanos dominados por las mismas pasiones que todavía hoy pueden llevarnos al límite.


Fotografía por Charly Duchanoy ©

“Tierra Baldía. Crímenes shakespereanos” se presenta en el Teatro La Capilla, ubicado en Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán, CDMX. La temporada comprende del 8 de septiembre al 27 de octubre de 2026, con funciones todos los martes a las 8:00 de la noche.
Por Charly Duchanoy para Boy4ME

https://www.instagram.com/charlyduchanoyfoto/