‘NI UNA PALABRA’ un viaje de recuerdos y sanación





La obra Ni una palabra (o de cómo convertirme en mar), es una propuesta que se aleja de las formas tradicionales de contar una historia y apuesta por una experiencia más emocional que narrativa. Desde que comienza, deja claro que no busca dar respuestas directas, sino provocar sensaciones y abrir espacios de interpretación para el público.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

En la obra escrita por Manya Loría, tres mujeres llevan al espectador por un recorrido que parece construido a partir de recuerdos, emociones y momentos que no terminan de cerrarse. No hay una historia lineal que se siga paso a paso, sino fragmentos que se entrelazan y que poco a poco permiten entender el universo de la obra. Es como entrar a la mente o al corazón de los personajes, donde el pasado sigue presente y se manifiesta de distintas maneras.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Uno de los elementos más interesantes del montaje es su ritmo, ya que la obra dirigida por Diego Collazo se toma su tiempo, no tiene prisa por avanzar, y eso puede resultar retador para algunos espectadores acostumbrados a estructuras más convencionales. Sin embargo, esa misma pausa permite que cada imagen, cada silencio y cada movimiento tenga mayor peso. Aquí, lo que no se dice es tan importante como lo que se expresa.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

El uso del espacio escénico está muy bien cuidado. No hay excesos, pero sí una clara intención en cada elemento que aparece. La iluminación, por ejemplo, ayuda a marcar los cambios de atmósfera y a guiar la mirada del público, mientras que el diseño sonoro acompaña las emociones de los personajes y refuerza la sensación de estar dentro de un recuerdo. Todo contribuye a crear un ambiente íntimo, casi hipnótico.

Fotografía por Charly Duchanoy ©


El mar es una presencia constante a lo largo de la obra, aunque no siempre de manera literal. Funciona como una imagen que conecta distintos momentos y emociones: por un lado, representa aquello que pesa, que arrastra, que no se puede soltar fácilmente; por otro, también sugiere la posibilidad de limpiar, de empezar de nuevo. Esta dualidad le da fuerza a la propuesta y permite que cada espectador la interprete desde su propia experiencia.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

En cuanto al trabajo actoral, las intérpretes (Aurora Gonzvel, Fabiola Rojo, Esmeralda Velázquez) sostienen la obra con gran compromiso. Su desempeño se apoya mucho en lo corporal: los gestos, las pausas y la manera en que ocupan el espacio dicen más que cualquier diálogo. Logran transmitir emociones complejas sin necesidad de explicarlas, lo cual exige una conexión constante con el público. No es un trabajo evidente ni exagerado, sino contenido y preciso.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Algo que vale la pena destacar es que Ni una palabra no busca ser una obra “fácil”. No está pensada para quien quiere una historia clara con principio, desarrollo y final bien definidos. Al contrario, es una propuesta que invita a dejarse llevar, a observar con calma y a encontrar sentido en los detalles. Esto puede hacer que cada persona tenga una experiencia distinta al verla.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

En conjunto, la obra logra construir un espacio donde el silencio, los recuerdos y las emociones toman el centro. Es una puesta que puede sentirse lenta para algunos, pero que recompensa a quienes se permiten entrar en su ritmo y su lenguaje. Más que entenderla por completo, lo importante es lo que provoca.

Fotografía por Charly Duchanoy ©

Ni una palabra(o de cómo convertirme en mar), es una opción interesante dentro de la cartelera, especialmente para quienes buscan propuestas diferentes, más íntimas y reflexivas yse presenta en el Teatro La Capilla con funciones los lunes a las 20:00h, hasta el 25 de mayo.

Boletos en boletópolis o directamente en la taquilla del Teatro La Capilla.(Madrid 13, Col. Del Carmen, Coyoacán, CDMX)


Fotografía por Charly Duchanoy ©



COMENTA LA NOTICIA