Recorriendo el interior de la tierra





No todos los museos son para contemplar, conviértete en minero y recorre las entrañas de la tierra en el pueblo mágico de Real del Monte.

Después de unos días estresantes, lo que menos quería era un fin de semana de <<Netflix>> y comida rápida; me invadió el deseo de recorrer caminos diferentes, por lo que preparé una buena <<play list>>, mi camioneta, dos amigos y partimos con rumbo a la carretera México-Pachuca.

Con tan solo hora y media de recorrido, llegamos al pueblo mágico de <<Real del Monte>> ubicado en la cima de una montaña a 2650 metros sobre el nivel del mar, rodeado por bosque que propicia su clima frío y en ocasiones (como ésta) con una ligera capa de neblina cubriéndolo todo. Desde el inicio nos maravillamos no solo con el paisaje natural, también con sus construcciones antiguas de adobe, techos rojos a dos aguas, las chimeneas de sus minas, sus callejuelas empedradas e iglesias del siglo XVI; un poblado con gran tradición minera, que por más de 500 años dio plata al mundo.

A escasos minutos del centro histórico se encuentra el <<Museo de Sitio Mina de Acosta>> una edificación de inicios de 1700, que aún conserva su imponente aura y cabe destacar es muy similar a una ubicada en Cornwall Inglaterra. En esta ocasión no estábamos ante un recinto de mera contemplación, ésta vez nos pondríamos el casco y las botas para recorrer las entrañas mismas de la tierra.

Detrás de los grandes portones que te dan la bienvenida, se encuentra primero <<La casa del superintendente>> antiguamente administrador de aquella mina, que ahora alberga una gran colección de fotografías y muestras de minerales, la casa aún conserva un horno de ladrillo y una estufa de leña en verdad fascinantes, ya imaginaba a mi bisabuela preparando la comida en aquellos artefactos; pero como lo mío nunca ha sido cocinar, nos despedimos de ahí y cruzamos el verde patio hasta la zona donde nos transformaríamos en mineros para iniciar nuestro viaje.

Ya totalmente listos con la indumentaria tradicional de dicha actividad, el guía nos condujo hasta la entrada de un túnel (correctamente llamado socavón) ahí inició nuestra aventura.

Una vez dentro fue como viajar en el tiempo, con una explicación ágil el guía nos fue contando las diferentes etapas de la minería; nos mostraba las escaleras reales hechas de madera o muescas que usaban, también los sombreros cubiertos de barro (como una suerte de cascos) y pegada al frente una vela de cebo para alumbrarse; en aquellos años no había botas y mucho menos para los mineros, utilizaban sus huaraches. Las minas fueron administradas por españoles, ingleses, norteamericanos y en sus últimos años mexicanos; con todo y estos cambios, los que siempre llevaban la peor parte eran los mineros, entre abusos económicos y físicos, se jugaban la vida con tal de extraer los codiciados metales; con jornadas muchas veces extenuantes y comprometiendo severamente su salud.

Debo confesar que en alguna parte del recorrido sentí que me faltaba el aire, y esto es porque sin darnos cuenta ya habíamos avanzado aproximadamente unos 450 metros; a nuestro paso encontrábamos picos, palas, barretas, dinamita, un altar, maquetas y planos de todo el distrito minero; ejemplificándonos los 500 años de evolución que tuvo la minería en el Estado de Hidalgo. Llegamos a la parte final del túnel, los metros se habían hecho más y el silencio invadía el espacio, el guía apagó su linterna para que dimensionáramos lo que era estar literalmente dentro de la tierra; fue una sensación llena de angustia porque la oscuridad era tan infinita que te sentías totalmente indefenso, imaginé como se habrán sentido los hombres atrapados por los derrumbes, sin ninguna certeza de volver a ver la luz, más que su fe; ahora entiendo porque tanto altares dentro de los túneles, más allá de tu religión esa sensación de abismo te recuerda que siempre hay algo más grande que tú.

Se volvieron a encender las luces y ahora caminábamos hacia la salida, la experiencia había sido única, totalmente aleccionadora no solo por aprender sobre la historia de la minería, también porque pudimos conocer más de la vida de aquellos mineros, que hoy admiro más.

Regresamos al centro de <<Real del Monte>> para comer unos tradicionales <<pastes>> (que son herencia inglesa) y recorrer sus mágicas calles; el pueblo es por sí mismo un museo al aire libre del cual espero poder contarles más a detalle en una futura ocasión. Sin duda regresaré a este lugar donde a decir de sus habitantes todos los días se tropieza con plata y se saluda a Dios de mano.

Por Charlie Ureña para Boy4ME

Twitter: @Charlie_Urena



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