Ocho películas de cultura con sexo gay explícito





Estos filmes no pornográficos nos mostraron sin trampa ni cartón encuentros carnales entre homosexuales.

Como El desconocido del lago que podría ser un filme de arte y ensayo sobre el mundillo del cruising (sexo anónimo entre hombres en lugares públicos) o como la cinta de Alain Giraudie que podría pasar también por un filme erótico en cuyos fotogramas aguardan (discretamente, eso sí) varias escenas de sexo real sin trampa ni cartón… En esta época nos apetece recordar que aunque mucho menos frecuentes que sus homólogas heterosexuales, las escenas de mambo y cancaneo entre hombres también han tenido un lugar en la historia del cine no pornográfico. Aquí te ofrecemos 8 cintas en las que podrás hallarlas.

Un chant d’amour (Jean Genet, 1950)


A quienes conozcan la obra literaria de Jean Genet, la atmósfera perversa y carnal de este cortometraje no les sorprenderá en exceso. Ahora bien: lo que resulta digno de pasmo es que, en una época donde la visibilidad gay era cosa de ciencia-ficción, el escritor y dramaturgo francés no sólo mostrara penes ante la cámara, sino que también incluyese una escena de ‘trabajos manuales’ entre los dos presidiarios protagonistas e incluso una insinuada, pero evidente, felación. Lo que puede resultar más llamativo, pese a todo, es que el filme (cuya prohibición en EE UU suscitó un sonado proceso legal) resulte ante todo, como indica su título, una tristísima y emocionante historia de amor.

A la caza (William Friedkin, 1980)

Tras echar por tierra los éxitos de Contra el imperio de la droga y El exorcista merced a la desastrosa Carga maldita, Friedkin encontró una forma muy original para enterrar del todo su carrera: no contento con infiltrar a Al Pacino (policía machote donde los haya) en la subcultura del sadomaso gay, el cineasta rodó parte de este thriller en los bares donde se congregaba la comunidad leather neoyorquina, prestándose los parroquianos a realizar felaciones, copulaciones y otras prácticas menos comunes con total naturalidad ante su cámara. Merced a dicha maniobra, y pese a que dichos actos fueron, bien recortados del montaje, bien oscurecidos en postproducción, Friedkin se ganó sendas condenas de los guardianes de la moral y del sector más ortodoxo del activismo gay. El año pasado,James Franco codirigió Interior. Leather Bar, corto que recreaba los 40 minutos de metraje de A la caza que se han perdido para siempre.

Taxi al W.C. (Frank Ripploh, 1980)

En el mismo año en el que William Friedkin armó revuelo con A la caza, esta película holandesa también se llevó su buena ración de polémica, aunque a menor escala. Basada en experiencias del propio Frank Ripploh, que también protagoniza el filme, Taxi al W.C. ofrece un recorrido lleno de humor negro por el mundo delcruising y el sexo anónimo en los años previos al sida, transcurriendo para colmo en esa meca del cancaneo llamada Amsterdam. De este modo, además de los usuales planos de coitos y falos erectos (usuales, queremos decir, para el caso que nos ocupa), la cinta se prodiga en actividades como las flagelaciones y la lluvia dorada. En su página web, el British Board of Film Censors ofrece un interesantísimo estudio de caso sobre Taxi al W.C. reconociendo que, tal y como están las cosas hoy en día, esta no resulta especialmente escandalosa.

Poison (Todd Haynes, 1990)

Aunque las jóvenes generaciones le conozcan más por sus experimentos con el melodrama (Lejos del cielo) o por sus aproximaciones a la historia del rock, comoI’m Not There o la muy homoerótica Velvet Goldmine, hay que admitir que Todd Haynes se quedó a gusto en su primer largo, una suma de tres episodios que giran en torno a la marginalidad, la culpabilidad y el contagio. El tercer capítulo del filme, titulado claramente Homo y dedicado a la memoria de Jean Genet, no sólo incluye escenas de violencia física y sexual poco soportables, sino que también cuenta con una contundente y no simulada masturbación a cargo del actor James Lyons,muerto él mismo de sida unos años más tarde.

O fantasma (Joâo Pedro Rodrigues, 2000)

Durante los 80 y los 90, cuando el sexo gay parecía asociado irremisiblemente al sida, los coitos explícitos entre hombres quedaron confinados casi por completo al cine pornográfico o a los trabajos militantes del New Queer Cinema. Ahora bien: con el actual milenio, la cosa cambió, y uno de los primeros síntomas del nuevo estado de cosas llegó de la Península Ibérica. Más concretamente de Portugal, país del que es originario este filme sobre el amor no correspondido de un basurero (muy joven y mollar, por lo demás) hacia un enigmático motorista. Como su objeto de deseo no le hace ni caso, el héroe de esta historia se prodiga en otras actividades más o menos casuales, incluyendo una comentada y polémica manuela a un agente de policía. O fantasma fue nominada al León de Oro en el Festival de Venecia, amén de ganar el primer premio en el Festival de Cine Gay de Nueva York y de aspirar a otros galardones en su tierra

The Raspberry Reich (Bruce La Bruce, 2004)

Ducho en el oficio de escandalizar, Bruce La Bruce es un director que le pone las cosas muy crudas al crítico con afán clasificatorio: está claro que en sus películas se fornica a todo tren, y casi siempre entre personas del mismo sexo, pero también está claro que dichos polvos están más motivados por sus afanes satíricos y sociopolíticos que por el propósito de calentar al espectador. Disquisiciones aparte, señalemos que The Raspberry Reich no sólo resulta cachonda en todos los sentidos, sino que también reparte palos y pullazos tanto a la homofobia conservadora como a los sectores más extremos del activismo gay, empeñados en quitarle el gustirrín al sexo para convertirlo en herramienta política. Todo ello a golpe de consignas como“¡La masturbación es contrarrevolucionaria!” y “¡La heterosexualidad es el opio del pueblo!”.

Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006)

Tras la muy aclamada Hedwig y The Angry Inch (2001), los cinéfilos del mundo daban por hecho que el siguiente filme de Cameron Mitchell seguiría explorando la sexualidad humana, sus casos, sus cosas y sus zonas de indefinición. Lo que (casi) nadie se esperaba era que el cineasta se lanzase de cabeza al mundo de los clubes de sexo, los swingers y las orgías, como de hecho ocurrió, contemplando además dicho ambiente desde una perspectiva tan emocional como optimista y carente de culpabilidades. Los actos venéreos no simulados de Shortbus abarcan todo el espectro que va de lo homo a lo hetero (no por nada este filme apareció ya en nuestro informe sobre películas con polvos heterosexuales), y entre los actores y“sextras” que los llevan a cabo se halla el propio director. Así nos gusta, John: dándolo todo por el arte.

I Want Your Love (Travis Mathews, 2012)

Como hemos ido señalando durante este recorrido, las cosas referidas a la representación fílmica del sexo han cambiado muchísimo con las décadas. Y también, por suerte, en lo tocante al sexo entre hombres. Sin ir más lejos, este díptico formado por un corto y un largometraje, ambos con los mismos personajes y reparto, hubiese causado grave escándalo en el pasado debido a la presencia de escenas con folleteo explícito. Sin embargo, actualmente la película de Travis Mathews (colaborador de James Franco en su revisión de A la caza) llama más la atención por su aire acusadamente hipster, con un protagonista muerto del asco al tener que abandonar la soleada y libertina San Francisco para regresar a su pueblo del Medio Oeste. Eso sí, las copulaciones están ahí, y son abundantes.

FUENTE: Cinemania




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