El fa-bu-lo-o imperio gay de México





El vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, declaró el lunes de la semana pasada que en México está surgiendo un “Imperio Gay”: “Una dictadura de los homosexuales…”.

El anuncio llenó de algarabía a los gays del país, que no salieron a festejar al Ángel de la Independencia, pero sí salieron en masa a la plaza cibernética.

De inmediato, uno pidió que el vocero Valdemar fuera nombrado ministro de la Publicidad del naciente Imperio Gay. Nadie como él ha empoderado a la comunidad LGBT tanto y tan rápido –aunque sólo sea en la fantasía.

@Manukich se vio ambicioso e individualista: “Que nos informen cómo postular nuestra aspiración a #EmperadorGay”, escribió.

Y a continuación, gays y no gays empezaron a dictar por Twitter los nuevos ordenamientos del imperio fantástico, demostrando una vez más la distintiva falta de seriedad de los defensores de la diversidad: después de todo lo que defienden es la libertad de cada persona para elegir su placer y sus alegrías: su manera de vivir en el amor y en el buen humor.

“Los miércoles el morado será obligatorio”, fue una de las primeras ordenanzas del Imperio, según @androide. “‘Y todos me miran’ (de Gloria Trevi) será el nuevo himno nacional”. Otra ordenanza sensata a cargo de @ElJaviGis.

“Los tacones cambiarán de bando por decreto”. Esta maravillosa idea fue mía, y alguien me la ilustró en un retuit con una foto de un señor en traje gris y con tacones rojos.

(Acá una confesión. En verdad creo que uno de los obstáculos que nos retrasan a las mujeres cuando caminamos hacia nuestras metas es tener que hacerlo equilibrándonos sobre zanquitos de charol: el Imperio Gay es por tanto la gran oportunidad: mejor que los hombres caminen sobre zanquitos durante un siglo, mientras nosotras los rebasamos en tenis.)

A las 12:30 @LordAguilar ya estaba pensando en la investidura de poderes: “#ImperioGay será gobernado por el Rey Freddie Mercury y la Reina Juan Gabriel”.

“¡Indigna la estupidez de la ultraderecha religiosa!”, irrumpió un tuit aguafiestas.

Pero nadie lo retuiteó. La fiesta era imparable y en la lluvia de confeti mental los simpatizantes de la diversidad habían reencontrado las que siempre han sido sus mejores tácticas contra la intolerancia: el humor, la imaginación, la laxitud: los ácidos corrosivos de la rigidez de los enemigos.

A la medianoche, cuando el hashtag #ImperioGay era tendencia nacional, un tuit llegó de Holanda: “Urgent. How can I become a citizen of #ImperioGay?”, preguntó @CKeller. “Import Don Norbert Rivera to Holland”, respondió un mexicano dadivoso.

A eso de la una de la mañana ya las disquisiciones eran más complejas: “Llegó el momento de dominar al mundo, chavas, por lo pronto que cancelen los matrimonios heterosexuales: @_vikko. “Pena de tres años de cárcel a quienes no sepan la coreografía de ‘Born this Way’”: @NicolasKraken.

“En el #ImperioGay yo quiero estar en alguna célula guerrillera anarco-queer como parte de la resistencia”: @refresco_;Esto del #ImperioGay se va a poner FA-BU-LO-SO. Ya pueden empezar por hablarnos de usted”: @alejullotol.

Fue a la 1:30 de México cuando llegó un tuit de España, donde la mañana del martes ya se había instalado: editorial Siruela anunciaba la reedición en español de Nostalgia del Absoluto, de George Steiner.

Suspiré: no sólo el vocero de la Arquidiócesis, también el azar se coludía en pro de la diversidad.

En Nostalgia…, escrito a finales del siglo XX, George Steiner narra el declive de la idea religiosa del mundo y el desafortunado golpe al poder de unas entelequias híbridas entre religión y ciencia, las ideologías políticas. El fascismo, el comunismo, el capitalismo salvaje.

Pero Steiner vaticina para nuestro siglo XXI algo mejor que la religión y que las ideologías. El probable ascenso de las ciencias naturales al centro rector de la moral humana.

Las ciencias naturales que describen la vida tal y como sucede en este planeta en el que misteriosamente hemos nacido: la vida que eternamente está diversificándose, entretenida en millones de especies que conviven, donde –a decir del padre de la biología, Charles Darwin– los hábitats felices están determinados por tres características. La abundancia de recursos, la ausencia de violencia, la exuberante diversidad de las formas de existir.

No el Imperio Gay, la gran fiesta de la vida sería el Imperio de la Biología.

FUENTE: Proceso




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