Del morbo al porno... Parte 1 - Salvador Núñez para Boy4ME





Qué ricas son estas dos palabras que a muchos nos hacen salivar, nos inquietan, elevan nuestra temperatura y nos ponen a fantasear, a imaginar, quizás a recordar y definitivamente, a sudar. La sociedad con doble moral sataniza todo lo que tiene que ver con el cuerpo y el sexo, sin embargo, los que nos consideramos libres y dueños de nosotros mismos, lo disfrutamos demasiado. Algunos dicen que lo disfrutan, pero en realidad lo padecen. Y es que muchas veces las mismas cosas que nos producen excitación, pueden provocarnos adicción. Es entonces cuando al juego se le quita lo divertido.

No recuerdo que de niño me hayan dicho que era pecado ver pornografía, simplemente me decían que eran cosas de adultos. Y claro, por ningún motivo me permitían entrar al despacho de mi papá. Mucho menos hurgar en sus cajones.

Pero lo prohibido siempre llama la atención y bien dicen que “el que busca, encuentra”. Un buen día, mi persistencia, curiosidad y mis tiernos inicios en los terrenos del morbo, me hicieron encontrar la llave que abrió los cajones de mis fantasías. Aún recuerdo la adrenalina, el nerviosismo, la peligrosa y deliciosa temblorina al entrar a escondidas al despacho y abrir lenta y silenciosamente las puertas del librero cuidando dejar todo en perfecto orden después de sacar y hojear aquella literatura tan minuciosamente ilustrada con cuerpos en posiciones extrañas y desconocidas para mi hasta ese momento. Básicamente recuerdo dos cosas: piel y vello púbico. Ja, ja. Y es que eran lo 80´s, ¡no se burlen! Inolvidable para mi la estética de esa época, los colores y las expresiones de placer tan escandalosas para la época y tan común verlas hoy en cualquier aparador de American Apparel. Mujeres desnudas besándose y tocándose bajo lencería de encaje rojo mientras un hombre las miraba con ojos de lujuria. Sin duda, lo que más me llamaba la atención y me molestaba era que a aquel hombre musculoso de piel sudada y cabello mojado no se le viera lo que aquellas mujeres y yo buscábamos con tanta curiosidad y deseo debajo de las sábanas. ¡Qué molesto! En aquel entonces yo no me cuestionaba nada pero comenzaba a darme cuenta que lo que más buscaba yo en las fotos era lo que menos encontraba. Ahora entiendo que quizás debí haber buscado en los cajones de mi mamá y no en os de mi papá…

Por Salvador Núñez para Boy4ME

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