Cómo trabajar desde casa de manera eficiente sin morir en el intento





Si hay cosas difíciles de hacer en esta vida, es decidirse a cambiar de trabajo, o de carrera. Para el momento en que somos adultos semi autosuficientes y logramos tener un trabajo estable, o simplemente un trabajo cualquiera, luego de pasar muchos años en una universidad, o siendo mantenidos económicamente por alguien más, a muchas personas les parece aterradora la idea de buscar uno nuevo.

Si damos una mirada a la cultura en la que vivimos, “renunciar” se ve como un acto supremo de rebeldía que requiera un nivel alto de hormonas en las gónadas de todo el que tiene el valor de hacerlo. Pero igualmente vemos como un enorme porcentaje de la gente que conocemos odia su trabajo, odia levantarse temprano todos los días para ir a la oficina, espera con fervor religioso el viernes para salir de “la tortura”, y esto es verdaderamente triste.

Todos somos diferentes, y las personas se sienten productivas a diferentes horas, tal vez tu eres uno de esos “rebeldes” que está pensando, o ya se decidió a cambiar de trabajo, y apostar por algo nuevo: el teletrabajo. Trabajar desde casa es una muy buena opción para mucha gente, especialmente en este mundo moderno lleno de soluciones tecnológicas que nos facilitan las comunicaciones a niveles impresionantes.

La comodidad de tu hogar

El teletrabajo no se invento ayer, no fue un invento de Skype ni de los youTubers. Pero, si ha sido por mucho una alternativa para quienes se sienten más cómodos en su propia casa que en una oficina. Gracias a la tecnología principalmente, son muchos más los campos laborales que se prestan para que la gente trabaje desde casa. Y hasta puede ser una genial manera de que las personas más introvertidas se sientan relajadas y se concentren más en trabajar que en presiones sociales.

No es para todo el mundo, muchos siempre van a preferir el contacto directo con los compañeros de trabajo, el cara a cara, el ir a un espacio físico dedicado específicamente al trabajo y no a ver maratones de series en Netflix y pasear en pijamas por los pasillos. Pero de nuevo, todos somos diferentes.

Cómo trabajar desde casa sin morir de vergüenza

Un problema que surge mucho es que al no ser lo normal -la mayoría de la gente sale a la calle a a trabajar- los demás asumen que no haces nada porque estás todo el día en tu casa. Esta es la principal causa de que las amas de casa odien a la humanidad, como si ocuparse de todas las tareas domesticas, las mascotas, los hijos, etc., no fuese un trabajo.

La gente siempre tiende a juzgar por su condición, y cuando le cuentas a un amigo/familiar/conocido que trabajas en tu casa, casi siempre vas a ver en sus miradas un “este no hace nada, se pasa todo el día viendo tv y rascándose la panza”. Es difícil ponerse en los zapatos de otro, y si estás acostumbrado a salir todos los días de la comodidad de tu hogar a trabajar para ganarte el pan es probable que hasta te moleste la idea de alguien sentado en pijamas “y que trabajando”. Esto hace que el que teletrabaja sienta vergüenza muchas veces por “estar todo el día en casa haciendo nada”, mientras los demás salen a la calle a “trabajar de verdad”.

Si tienes las energías suficientes para intentar explicarle a los demás por qué tu trabaj
o es de verdad, hazlo. Yo prefiero ahorrar las mías para de hecho trabajar, si alguien te aprecia de verdad simplemente te va a apoyar, mientras sea algo que te haga feliz y no le estés haciendo daño a nadie. El trabajo no es sinónimo de tortura, y muchos sienten que porque no se están quejando del sufrimiento de la jornada laboral no están trabajando suficiente: bienvenido al mundo de los que disfrutan lo que hacen para vivir.

No sentirse culpable por ser eficiente

El teletrabajo no es todo rosas y arco iris, si no sabes organizar tu tiempo se te puede ir todo de las manos. Es importante a pesar de no estar en una oficina, no tener al jefe cerca, y no tener horario de 8 a 5; establecer tu propia agenda laboral. Aprovecha que tienes todo el control y no lo pierdas, solo te tienes a ti mismo para culparte por trabajar de más, o por no cumplir a tiempo.

Personalmente consigo muy útil definir una hora para empezar a trabajar y otra para terminar. No despertar después de mediodía solo porque puedes, y terminar trabajando hasta las 3 de la mañana. Dormir bien, comer bien, trabajar durante las horas en las que te sientes productivo es lo ideal. Y, si un día te sientes madrugador y terminas mucho antes de lo previsto, no te sientas culpable porque tienes el resto del día libre para hacer lo que te de la gana, no necesariamente tienes que adelantar trabajo hasta que estés muy cansado para satisfacer la terrible creencia de que si no te duele todo no estás trabajando suficiente.

Utiliza la tecnología

No aprovechar la tecnología al máximo para convertirte en una máquina de eficiencia que trabaja desde su casa es de tontos. Lo más probable es que pases mucho tiempo frente a un ordenador, que tengas una tablet, o un smartphone. Todos son herramientas que pueden hacerte la vida mucho más sencilla.

  • Aplicaciones para desconectarte de Internet y ser más productivo, por eso de que muchos se distraen con facilidad y terminan viendo vídeos de gatitos en lugar de trabajar.
  • Aplicaciones para trabajar mejor en equipo de manera remota, porque salvo que tengas tu propia empresa y el total de la fuerza laboral sea una persona, de seguro tienes que comunicarte con más trabajadores, y con el jefe.
  • Aplicaciones para organizar tareas
  • Aplicar técnicas como el método Kambam, Getting Things Done (GDT), o el simple Pomodoro.

Alternativas hay para tirar al techo, y buscas la combinación ideal para ti, llegaste al sitio indicado para conseguirlo, en Bitelia tenemos muchos consejos puestos a tu disposición.

FUENTE: Hipertextual




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