Charles Michel "Postimpresionista belga en México"





Decía mi abuela que «nadie puede amar lo que no conoce», sin duda eso le pasó a «Charles Michel», un pintor belga que se enamoró de México e inmortalizó su cultura y paisajes a través de su pincel.

«Michel» nació en 1874 en la ciudad de Lieja, donde estudió arte, para continuar en París, logrando exponer a la edad de 19 años en Francia, Inglaterra y Bélgica. En 1940 llega a nuestro país en donde radica hasta su muerte en 1967.

Por petición del entonces «Secretario de Relaciones Exteriores de México» se organizó una exposición de pintura belga en la entonces «Academia de San Carlos» en el año de 1922, la cual resultó ser un éxito rotundo.

«El pintor viajero» como se le conoció, recorrió parte del territorio nacional absorbiendo su cultura e inspirándose en escenas cotidianas; retrató estampas mexicanas muy a su estilo, que lo definía como «La corriente de la libertad» también llamado «postimpresionismo»; manifestaba en sus cuadros el contraste de colores y la cursividad de las formas, capturando de manera única pedazos de realidad. Cuando regresa a Europa para mostrar dichas creaciones, es tal el impacto que recibe el sobrenombre de «El Mexicano» y posterior a la «Segunda Guerra Mundial» regresa a radicar de manera permanente, mezclándose con los pintores renombrados del país y gozando de cierto prestigio.

A pesar de su enorme talento, se fue perdiendo en las luces de nuevas escenas artísticas y su trabajo fue quedando solo en la memoria de algunos coleccionadores privados y en pocos recintos culturales.

Suena un final triste para un pintor con personalidad fresca, innovadora y alegre; pero siempre existirá gente con un afán de hacer justicia, como es el caso del «Museo Nacional de San Carlos», que presenta la exposición «Charles Michel, postimpresionista belga en México»; una muestra compuesta por 150 obras diversas, con el objetivo de rescatarlo del olvido y mostrar su genio creativo; dividida en 5 núcleos temáticos que exponen sus múltiples facetas incluyendo su etapa de retratista y esculturas; fue curada por «Jazmín Mondragón» generando un recorrido amable y una distribución que permite la correcta apreciación de las obras.

«Mi experiencia» en este circuito museográfico fue buena pero «sin sorpresa»; aunque gusto del «postmodernismo» y me declaro fanático absoluto de «Paul Cézanne» (precursor del cubismo), la obra de «Charles Michel» no pudo cautivarme; estando frente a sus obras originales y apreciando la maestría en su trazo y lo bueno de sus composiciones, no logró trascender algo más que la técnica. Los observaba desde distintos ángulos intentando captar la esencia que conllevan, pero… nada; recalcando que es una opinión totalmente subjetiva, sus obras son como «una flor sin aroma»; por un lado la escena tradicional mexicana y por otro su mirada europea intentando converger en el cuadro, impiden que genere empatía con ellas. Lo anterior lo digo corriendo el riesgo de que el fantasma de «Michel» se aparezca una noche para reprocharme mi insensibilidad.

La parte que me agradó más fue al final del recorrido, donde hay «una réplica de su estudio» que genera una «atmosfera bien lograda» que te hace sentir en el espacio íntimo de creación del artista.

Para cerrar la visita hay un «taller didáctico» (el cual me recordó mis años trabajando en un museo interactivo) que te invita a crear tu autorretrato mediante espejos y materiales creativos, ayudando a dejar de lado la seriedad de la galería y enriqueciendo la experiencia.

En general, estoy agradecido con el «Museo Nacional de San Carlos», porque me permitió conocer a un artista virtuoso que más allá de mi percepción, fue un hombre singular, vanguardista y técnicamente extraordinario; pero sobre todo reconozco la labor de volver a traerlo a la luz.

Les sugiero asistir a este recinto que por sí mismo es un deleite, y se den la oportunidad de conocer o reconocer el mundo de «Charles Michel»

Por Charlie Ureña para Boy4ME

Twitter: @Charlie_Urena



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