'Spider-Man: Homecoming': La mejor versión del arácnido





Si no tienes planes para el fin de semana, deberías prepararte para ver Spider-Man: Homecoming, pues será el tema de conversación de este mes.

Spider-Man ha sido objeto de tres iteraciones cinematográficas a lo largo de 15 años, tiempo en el que lo hemos visto protagonizar tanto gemas, como verdaderos esperpentos del cine de superhéroes.


Ahora que el arácnido forma parte del Marvel Cinematic Universe (MCU), llega una nueva película en solitario, Spider-Man: De regreso a casa, que sirve para reafirmar la importancia multigeneracional del personaje, y para olvidar por unos momentos que existen las dos malogradas cintas que Andrew Garfield estelarizó en 2012 y 2014.


Meses después de los eventos de Capitán América: Civil War, el joven Peter Parker (Tom Holland) espera pacientemente la oportunidad de pelear otra vez al lado de Tony Stark (Robert Downey Jr.) y de convertirse en un miembro oficial de los Avengers.

Mientras vela por la seguridad de su vecindario y se gana gana la confianza de Stark, un nuevo villano aparece en el radar, Vulture (Michael Keaton), quien utiliza la tecnología residual de los Chitauri -los alienígenas que invadieron la Tierra en la primera Avengers- para construir nuevas armas y venderlas al mejor postor.


Spider-Man: De regreso a casa es una interesante amalgama de enfoques y géneros.

Al estar centrada en una versión preparatoriana del arácnido, hace del público joven su principal target y por ello sus arcos se asemejan más a los de una cinta producida por John Hugues, que a los de la película promedio de superhéroes.


Estamos ante una historia coming of age, contada desde una trinchera superheroica.

Parker y sus contextos (escolar, familiar, sentimental y de amistad) trazan el eje de su evolución como personaje y son el interés real de la trama, mientras que las secuencias de acción hacen las veces de ligámenes narrativos, roles que generalmente están invertidos en el blockbuster estereotípico.


Para el director y coguionista Jon Watts (El payaso del mal), los personajes y sus motivaciones tienen más peso que el espectáculo, de forma que la película muestra sus mejores cartas cuando los puñetazos no secuestran la pantalla.

Es una situación plausible, pero que también afecta al producto final, pues, si bien el drama y la comedia lucen un desarrollo eficaz, las secuencias de acción resultan insípidas, confusas, cansadas y hasta mal iluminadas.


Spider-Man: De regreso a casa es un filme emotivo, cuya iniciativa de reintroducir a Spidey es sincera y propositiva. Queda lejos de la fenomenal Spider-Man 2 de Sam Raimi (2004), pero es una bienvenida invitación a olvidar que alguna vez Marc Webb (500 días con ella) trajo al mundo las dos peores entregas del amistoso vecino arácnido.

FUENTE: gamedots




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